Juramento a la bandera
La psiquiatría y psicología como práctica clínica tienen un valor legítimo en la sociedad contemporánea. Ambas diciplinas tratan con el sufrimiento mental como principal objeto de estudio[1]. Para ambas diciplinas, el estudio del sufrimiento mental es secundario a las técnicas para tratarla. Los métodos para lograr el tratamiento han sido moldeadas por el contexto histórico y necesidades institucionales, es hasta hace poco que se le permitió al sujeto 'paciente' acomodarse como una voz legítima para decidir los métodos y objetivos de tratamiento. Es desde la adopción temprana de los principios de la bioética en la práctica clínica cuando los objetivos de tratamiento pasaban de ser atados a un dogma a ser parte de una discusión clínico-paciente. A esto se le suma la adopción del modelo bio-psico-social de la salud frente al modelo biomédico, paradigma que permeó principalmente en campos de salud mental. Ambos procesos pueden haber desestabilizado las asunciones epistemológicas que la psiquiatría y psicología clínica tienen sobre sobre su objeto de estudio. El cuestionamiento ha causado que las discusiones ya no se centren en el "por qué" sucede el fenómeno psicopatológico, sino a "qué" es el fenómeno.
Stanghellini & Aragona (2016) establecen varios problemas actuales que la psiquiatría tiene que resolver, entre estos problemas se encuentra 1) la ingenua nosografía neo positivista, síntoma de la deshumanizante escuela neo-Kraeplaneana que ignora la relación dual del sujeto-mente; 2) la heterogeneidad y comorbilidad de las categorías diagnósticas, producto de optimizar las categorías diagnósticas a la confiabilidad entre evaluadores en vez de validez fenomenológica; y 3) la pérdida de especificidad cualitativa entre diagnósticos, prefiriendo heurísticos cuantitativos generalizados: one-size-fits-all diagnosis. Autores como Stanghellini, Aragona y Parnas muestran que estos problemas de la psiquiatría se dieron como subproducto de las concesiones epistemológicas que la diciplina tuvo que asumir para legitimarse poco a poco como una diciplina médica, adoptando el reduccionismo y positivismo implícito el modelo bio-médico.
Otros autores alineados al pensamiento post-estructuralista critican estos problemas pero de una manera única. Autores como Foucault y os diagnósticos no tienen como objetivo describir fielmente estructuras experienciales de la enfermedad mental, sino imponer un tipo de conocimiento que más se alinee a intereses institucionales que se escapan del control del sujeto 'paciente'. Autores como Foucault y Hawking no se centran en en la experiencia subjetiva del enfermo, sino en cómo esta sucede después de que se le nombra, permite o exige ser enfermo. A diferencia de los académicos anteriores, la escuela post estructuralista explica que la enfermedad mental no emerge desde la ontología, sino desde qué órganos y grupos le permiten convertirse en 'El Enfermo Mental'.
Existen otras discrepancias entre la fenomenología psicopatológica y el proyecto post-estructuralista de la psiquiatría. Es mi hipótesis que el discurso académico que rodea a discrepancias aparentemente in-sintetizables es necesario para llevar a la psicopatología[2] a un nuevo paradigma que se considere válido y estable en el tiempo. Exploraré varios modos de enmarcar el dilema entre ambas perspectivas inspiradas ideas de autores fundamentales en los campos de teoría general de sistemas, cibernética, y pensamiento complejo.
[1] Excluyendo disfunción sistémico/contextual y sus aportes en ciencias cognitivas. El enmarcamiento implicitamente cierra la puerta a bases de terapias de 3ra generación y teorías post-estructuralistas, sin embargo utilizo el enmarcamiento para sustentar el hilo del pensamiento del parrafo.
[2] Y por extensión a la práctica clínica, que se basa de las investigaciones en psicopatología para sustentar sus intervenciones como válidas. Véase el caso de EMDR que necesita hacer la distinción teórica para diferenciar F43.1-PTSD a 'small t trauma' para validar su objetivo terapéutico.